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26/04/2009
Los Apuntes.

Bueno... este es el primer texto que me atreví a colgar por Internet, aunque entonces era bastante peor... ahora lo he modificado un poco y no es que haya mejorado mucho: sigue siendo bastante malo, pero es el primero y eso siempre le da cierto valor, aunque sólo sea valor sentimental para quien lo ha escrito... pero de todos modos, ahí queda:
Coger apuntes es el objetivo principal de todo estudiante que se precie: llegas a clase a las ocho de la mañana, sueltas el chaquetón, la clasificadora, el bolso, coges papel y boli y esperas expectante a que la primera palabra salga de la boca del profesor para reproducirla fielmente en tus folios, aunque todavía tengas un pie en la Universidad y el otro en la cama... como si lo primero que dice el profesor es “¡Coño, que me he dejao el grifo abierto!”, tú lo apuntas igualmente, porque esa es una de las ventajas de coger apuntes: no hace falta estar despierto del todo (de hecho, si alguna vez veis a alguien cogiendo apuntes y roncando al mismo tiempo, soy yo no os extrañéis...); basta con estarlo lo suficiente como para ser capaz de reproducir con fidelidad cada palabra del profesor, cada dato, cada inciso, cada fecha, cada pausa para respirar... porque en los apuntes se copia todo... así luego cuando vas a estudiar te encuentras lo que te encuentras.
He aquí un recorrido por el fascinante mundo de los apuntes, los elementos que no deben faltar en todo taco de apuntes que se precie... todo cuanto vais a ver, por espeluznante que parezca, está basado en hechos reales (concretamente, en mis propios apuntes):
-Los márgenes.
Hay que distinguir entre dos tipos de estudiantes: los que dejan tanto margen que sólo les caben dos palabras por renglón y cuatro renglones por folio, y los que son más de "aprovechar el papel". Yo soy de estos últimos. En 21 años de escolarización no he conseguido empezar una sola vez a escribir dejando el margen... salvo en una ocasión: cuando se trata de una clase aburrida, porque en una clase aburrida, por muy buen estudiante que seas, sabes que tarde o temprano te acometerá esa desesperante e incontrolable necesidad de dibujar una casita con una "X" dentro sin levantar el lápiz del papel que a todos los estudiantes nos ha acometido alguna vez... y claro, si no hay márgenes en los apuntes, tienes que hacer el dibujo de la casita en la mesa, y todo el mundo sabe que pintar en la mesa es una falta de educación y de respeto, sobre todo a ese compañero que luego se va a sentar en esa mesa a la hora del examen y no va a tener sitio para hacerse la chuleta. No quieras cargar en tu consciencia el peso del suspenso ajeno.
De todos modos, en los apuntes los márgenes no son imprescindibles: afortunadamente para los demás, tus apuntes sólo los sufres tú... otra cosa son los exámenes. Hay profesores que por no dejar margen te suspenden. A mí en este caso me suele pasar que, a mitad del examen, de pronto me doy cuenta de que he escrito medio folio sin dejar margen... en ese momento hay dos opciones: o vuelves a copiarlo todo en un nuevo papel, o sigues ya sin margen hasta el final, pero como para lo primero no hay tiempo y lo segundo aumenta las posibilidades de suspenso (que con lo que has contestado en las preguntas ya son bastante amplias, no hay que ser ambicioso tampoco), yo opto por una solución intermedia: el "margen extensible", es decir, un margen que comienza a desplegarse lentamente a partir de la mitad de la página... así, como quien no quiere la cosa, ese renglón lo separas un poco del borde del folio, el siguiente lo separas un poco más, el siguiente un poco más... hasta que te das cuenta de que, si sigues separándolos, llegará un momento en que empezarás la frase en tu folio y la acabarás en el folio del de al lado. Ahí ya paras y contemplas tu obra de arte: con un margen “cónico”, estrecho por arriba y amplio por abajo, con las letras de las últimas frases apretujadas contra el otro lado del folio... en ese momento te preguntas si por ese lado también que dejar margen, pero como ya no hay tiempo para la “opción a” ni espacio para la “b”, improvisas un plan alternativo: rezas porque el profesor no sea de los que dan mucha importancia a eso de la presentación.
-La letra y los renglones:
No puedes pedirle a una persona que tiene la costumbre de escribir con el papel torcido (consecuencia de esa habilidad que desarrolla el estudiante de escribir con una mano mientras usa la otra de almohada), que escriba en renglones rectos y pulcros; puede que el primer renglón, o el segundo, te queden más o menos derechos.... cuando eso pasa, te tomas un momento para despegar la nariz del folio y contemplar de lejos tu creación.. Sabes que tienes que guardar bien esa imagen en tu cabeza, porque seguramente no durará mucho.
Efectivamente, diez minutos más tarde, tu habilidad y, sobre todo, tu paciencia para escribir derecho han desaparecido, y ahora en vez de escribir parece que estés haciéndole al folio la raya del zig-zag... por no hablar de cuando el profesor dice que va mal de tiempo, como los de la tele, y empieza a explicar a la velocidad de la luz para ver si puede condensar todas las etapas de Picasso en los últimos 15 minutos de clase... entonces es cuando escribir con letra medianamente inteligible pasa a ser algo secundario para el estudiante: la muñeca se va cansando, el boli se va resbalando, los dedos se van anudando unos con otros, y la preciosa y cuidada letra del principio se va convirtiendo en una especie de jeroglífico mutante, un ser monstruoso con vida propia que poblará sus peores pesadillas y que, dentro de dos o tres meses, cuando lleguen los tres días antes del examen llegue el momento de estudiar, tardará horas en descifrar... y lo peor de todo: no siempre se consigue, palabra de estudiante con mala letra.
-El tippex
El Tippex puede ser de tres maneras: en cinta, en boli o el típico bote con la brochita. Los tres tienen una cosa en común: no están hechos para usarlos con prisa. Empiezas a apretarle al boli y cuando has conseguido que salga la primera gota de tippex el profesor ya va explicando un tema nuevo. Eso por no hablar de lo que tarda en secarse el de la brochita... aunque claro, igual también es culpa nuestra por echarle esa cantidad de tippex, que parece que estamos encalando la fachada. Yo he llegado en entregar auténticos exámenes de papel encolado... creo que yo sigo prefirendo el método tradicional: unos buenos tachones, que parezca que al folio le han salido bigotes... vale, son más feos que el tippex, pero por lo menos no hay que esperar a que se sequen... y no huelen tan peligrosamente bien.
-El texto:
Y llegamos por fin a la parte esencial: el texto, el apunte en sí... y al empezar a leerlos es cuando empezamos a pagar las consecuencias de haber ido copiando, casi literalmente, las palabras del profesor. Extraídas de mis apuntes, podemos ver cosas como éstas:
-Los ya mencionados tachones: Este arquitecto neoclásico diseñó el museo del Prado. Ncdsohvnoisvhoihovhvivvivjhorihgrjiojijrijririjjierjirejeje Su arquitectura ngdtan es muy fría y cnduvnui carece del aire romántico de otros contemporáneos chihsy...
-Paréntesis innecesarios: Ésta escultura se encuentra en una posición muy forzada, tanto es así que, si bajara el brazo donde se sujeta la túnica, se le caería ( se le caería la túnica, no el brazo)...
-Faltas de ortografía dolorosas de mirar: Los hojos de las esculturas egipcias están hechos con distintos materiales...(consecuencia de ir corriendo, o eso espero)...
-Aclaraciones: Es muy importante saber distinguir entre el “estilo Isabel”, que es de la época de Isabel II, y el “estilo Isabelino”, que es el de la época de Isabel II... (con aclaraciones así, ¿quién necesita confusiones?)
-Información extra: (Este edificio es, en su opinión (del profesor) uno de los más feos que se han construido en esta etapa). Bueno, una nunca sabe dónde se esconde esa frase clave que puede ser la diferencia entre aprobar o suspender.
Para terminar, una última característica a destacar de los apuntes es que son muy de su padre y de su madre... vamos, que cada uno entiende los suyos.
Que te presten unos apuntes es como que te presten las bragas: intentas por todos los medios no tener que necesitarlo, pero, si no hay otro remedio, cruzas los dedos para que, al menos, los que te presten estén limpitos: que no tengan letra ininteligible, ni tachones, ni frases extrañas... vamos, que sean todo lo contrario de los tuyos (de los apuntes, digo). Pero es que el mundo de los apuntes es así de egoísta: si los manchurrones son tuyos, no te importa, pero si son de otro, ya te molestan... y sí, hay a quién también le pasa con las bragas.
Astartet.
