Los defectos

 

Existen varios factores que influyen en el noble arte de conversar... una conversación será más o menos interesante, culta o emocionante dependiendo del estado de ánimo de quien conversa, de su nivel cultural, de lo interesante que sea su vida...etc.

Uno de los factores más determinantes es el sitio donde tenga lugar la conversación... por ejemplo, una de las conversaciones más absurdas es la que se da en el supermercado:

-Hombre, Manolo, ¿Qué pasa, qué haces tú aquí?

-Pues nada, aquí estamos... comprando.

No, ¿en serio? Yo es que creía que estabas bailando el Kazachoc sobre la estantería de los champús mientras hacías malabares con los rollos de papel higiénico... pero no, resulta que estás comprando... ¡Y en un supermercado! Qué raro...

Aunque si te respondiera algo diferente, igual sería un poco preocupante, también...

-Hombre, Manolo, ¿Qué pasa, qué haces tú aquí?

-Pues nada, aquí estamos... he venido a pasaros a todos por la máquina de cortar chópped, usar vuestras lonchas para rellenar San Jacobos y luego vendérselos a Belén Esteban

(ah, chopped, San Jacobos y Esteban... cuánto han hecho por el humor en este país...).

Eso no mola, mejor seguimos con la pregunta y respuesta obvia de siempre, que ya se sabe que cuando una fórmula funciona, no hay por qué cambiarla... y hablando de fórmulas, hay una que nunca falla: existe un tema que es común en todas las conversaciones de todo tipo... siempre y cuando ésta tenga lugar en un grupo de amigas.

Puede sonar machista, pero no se puede negar que hay un tema, uno en especial, que raramente se da en una conversación entre hombres y casi siempre acaba apareciendo, tarde o temprano, en una entre mujeres; de hecho, más que un tema de conversación, yo ya lo considero más bien una especie de juego, con sus reglas y todo... no escritas, pero conocidas por todas e inquebrantables: se trata del antiguo juego de “vamos a sacarnos defectos”.

No puede negarse, la mayoría de nosotras ha caído en la tentación, al menos, una vez en su vida... aunque yo creo que el mínimo está en tres: una durante la adolescencia/juventud, otra durante la madurez y otra durante la vejez; la fórmula será siempre más o menos la misma, salvo un ingrediente que irá cambiando: a los 15, es “hay que ver cuántos granos tengo”, a los 40, “hay que ver cuántas lorzas tengo” y a los 70 “hay que ver cuánto pelo tengo... en la barbilla”.

El resultado de la fórmula, eso sí, siempre es el mismo, independientemente de los factores que hayan intervenido en ella: inmediatamente después de que una pronuncia la frase “A”,o frase de auto-castigo, se produce un efecto dominó en todas las demás, que se apresuran a contestar con la frase “B“, o frase de consolación: “¿Granos tú?, qué vaaaaaa, si estás estupenda”... esto es así siempre, tanto si estás estupenda de verdad como si sólo te falta pintarte los granos de colores para que tu cara parezca el fondo de una pecera (y así cuando te venga un estornudo y no tengas pañuelo puedes decir que lo que tienes alrededor de la nariz son peces exóticos).

Por supuesto, esto lo hacemos porque sabemos que la ecuación siempre se da, y que, digamos lo que digamos, nuestras amigas van a estar ahí para contradecirnos... imagina si no fuera así:

-Hay que ver, cuántos granos tengo...

-Ya te digo, y eso por no hablar de lo blanca que estás, que por un momento pensé que el arroz con leche había cobrado vida y me estaba hablando... ¿y esos pelos que llevas? Hija mía, que estás hecha una pena...

Si esto fuera así, nadie tendría ganas de jugar a “vamos a sacarnos defectos”. Además, esto da lugar a la regla de oro del juego: puedes sacar todos los defectos que quieras... pero que sean tuyos, cuidao. De lo contrario, sólo se necesitarían cinco minutos para que el juego de “vamos a sacarnos defectos” se convirtiera en el juego de “te voy a sacar los ojos con una cuchara".

Esta regla de oro dio lugar también a que se produjera una nueva modalidad en el juego: el modo “YO sí que...”.

El modo “YO sí que...” consiste en que, cuando una dice eso de “tía, estoy super gorda...” la otra no sólo le responde con la frase de consolación, sino que además enlaza su propia frase de auto-castigo: “¿Tú gorda? Qué vaaaaaa, si estás estupenda... YO sí que estoy gorda”.

A continuación tiene lugar un intercambio de papeles en el que la necesitada de consuelo pasa a ser la consoladora... esta modalidad está recomendada únicamente para jugadoras profesionales, con un nivel medio-alto como mínimo... de lo contrario, las jugadoras podrían entrar un bucle interminable de frases “A” y frases ”B”, cuya acumulación daría lugar a un agujero negro que las absorbería y terminarían las dos perdidas para siempre en el espacio-tiempo; para evitar esto, las jugadoras expertas recurren a un método infalible: el traspaso de carga a terceros... preferiblemente a un tercero que no esté presente:

-”Qué va, tú no estás gorda para nada... pero ahora que sacamos el tema, la que sí que está gorda es la Merchi...”

-”Huy, sí, es verdad... yo la vi el otro día y casi no la reconozco...”

-”Se le ha puesto la cara como un pan de pueblo”

-”Y el culo como un balón de Nivea”

-”Y encima colgandero, que como siga así va a llegarle por debajo de las rodillas.”

-"¿Y lo caídas que tiene las tetas? Si se descuida, se las pisa"

-”Ya lo que le faltaba... que no es por criticar, que a mí criticar no me gusta, pero nunca ha sido muy guapa que digamos...”

-”Debería ponerse a dieta... vamos, por su salud, digo yo, que a mí el físico ya sabes que me da igual...”

-"Tienes razón, y operarse el pecho... vamos, por su salud, tembien.

-"Es más, deberíamos decírselo nosotras, que para eso somos sus amigas y la queremos, antes de que se lo diga otra otra de malas maneras y le haga daño, que hay gente con muy mala idea por ahí...”

Así, una vez alcanzada la armonía entre las distintas partes, el juego llega a su fin y el equilibrio del Universo queda asegurado hasta la próxima partida.

Y aquí concluye nuestro análisis de uno de los juegos más antiguos de la historia... a partir de ahora, recuerda estas palabras: siempre que una amiga te diga que tiene más granos, más lorzas o más pelos en la barbilla que tú, no olvides contradecirla... aunque en lo más hondo de tu alma, estés totalmente de acuerdo con ella.

 

18/06/2009 14:00 Autor: cosas-de-mi-neurona. Enlace permanente. Tema: Desvaríos..

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